Origen del Leonberger
La raza de perro Leonberger toma su nombre de la ciudad alemana
de Leonberg, situada en la región de Wuntemberg, cerca de Stuttgart.
Desde tiempos inmemoriales tienen lugar en esta bellísima y
medieval ciudad un tradicional e importante mercado del caballo, y asiduamente
en esa época se veían ejemplares de esta raza presentados para su posterior
venta.
Igual que en otras
muchísimas razas, el origen exacto del Leonberger es incierto. Cierto es que no
se puede hablar de la raza Leonberger sin hablar del Dogo del Tibet.
Marco Polo ya habla en sus escritos de viajes, a su regreso del
Tibet (1729), de este gran Dogo del Tibet en su visita a la corte del Gran
Mongol, manifestando que eran grandes como asnos y que perfectamente podrían
haber sido acariciados por el veneciano. Este gran moloso de montaña existía, y
existe todavía, en numerosas localidades de la cordillera del Himalaya, según
la mayoría de los grandes expertos, le sitúan como ancestro de los molosos
actuales.
Por tanto el origen bien
podría ser el Dogo o el Mastín del Tibet con aportaciones del San Bernardo y
del Terranova u otras razas de montaña. En resumen, es muy razonable suponer
que con las invasiones del Este a Europa, con la aportación de sus grandes
perros de Mongolia y su cruce posterior con razas autóctonas se llegaran a
fijar en todo el continente europeo. Hay escritos ya en el año 1625 en las que
se encuentran ejemplares en Austria, en el entorno de los príncipes de
Metternich, cuyas construcciones son prácticamente iguales a la morfología
actual del Leonberger. En 1771 existe constancia escrita de la venta de un
perro Leonberger.
Posteriormente serán favoritos de las cortes
imperiales de Austria y su buen nombre se extenderá por toda Europa. La reina
María Antonieta poseía un Leonberger que medía más de un metro.
Sin embargo Werner Jocker en 1961 presentó en el
Instituto de Cría e Investigación Genética y Psicología de la Universidad de
Munich una tesis bajo la dirección del profesor H. Bauer, en cuyo trabajo, a parte
de las consideraciones generales sobre la domesticación del Leonberger,
desarrolla un estudio sobre la historia de la raza, del que se puede extraer lo
siguiente: " En Leonberg, Heinrich Essig (1808-1889), gran amante de los
animales, consejero municipal de su ciudad, gozaba de una buena reputación en
Alemania y en ocasiones de criadores de otros países. Su criadero llegó a ser
muy famoso."
Essig habría comprado una perra de raza Terranova de
tipo Landseer y la cruzó con un ejemplar macho de raza San Bernardo de pelo
largo. Los descendientes fueron reproduciéndose en estricta consanguinidad,
pero Essig buscaba especialmente el color blanco, por lo que esta descendencia
obtenida la cruzó con un gran macho de la raza Montaña de los Pirineos que
casualmente poseía, y de esta manera el primer ejemplar
"verdaderamente" Leonberger, según Essig, nacía en el año 1846. Según
Kraus, el primer nombre utilizado para sus ejemplares era
"Leonbardiner", y no Leonberger. Genéticamente parece imposible
obtener el manto leonado, máscara negra a partir de un Landseer (negro y blanco
), de un San Bernardo pelo largo y un Montaña de los Pirineos.
Con una rapidez extraordinaria y un agudo sentido
comercial, Essig durante largos años inunda Europa y el resto del mundo de
ejemplares denominados Leonberger. Desde el zar Nicolás, al emperador Napoleón
III y hasta países como Austria, América, Japón y un largo etc.
Los Leonberger comienzan a presentarse en exposiciones
como Hambourg, donde obtienen los primeros premios individuales y en grupo.
Hombres de ciencia como los doctores Haring y Jacer ensalzan la imagen de su
excelente figura. Hoy por hoy todavía se encuentran litografías antiguas
ejecutadas a partir de los lienzos de los pintores animalistas de la época:
Specht, Lautemann y Beckman, donde podemos comtemplarlos.
Según diversos eruditos, Essig quería combinar las
cualidades de varias razas de montaña hasta llegar a encontrar su perro
"ideal". Parece ser que su objetivo era solamente la venta de sus
ejemplares a precios asombrosos para la época, promocionándolos hábilmente,
situando ejemplares en casas de personajes de la alta sociedad y en países
donde no había ninguna información de la utilización de razas de montaña, no
pudiendo de esa manera verificar la autenticidad de la raza. Esto se venía a
unir a que Essig no entregaba ni estándar, ni pedigree, ni ninguna
documentación, cosa realmente extraña, pues la entrega de documentaciones ya se
practicaba en la segunda mitad del siglo XIX para la mayoría de las razas.
Después de la muerte del consejero municipal Essig la
gloria del Leonberger disminuiría vertiginosamente, no por defectos de la raza,
sino por razones de cambio de moda.
Un articulo de un periódico austriaco del 25 de Marzo
de 1870 daba fe de la alta consideración que la emperatriz de Austria Elisabeth
(1837-1898) tenía de la raza Leonberger: "su majestad la emperatriz, desde
su regreso de Roma, posee un magnífico perro Leonberger".
Hay que reseñar que, según relato de la época, este
Leonberger tenía un manto blanco deslumbrador, salvo las orejas morenas o
castaño oscuro. Por lo tanto el color no había sido fijado aún en dichos años
de 1846 a 1870.
Conclusión, la tesis más admitida, situaría el origen
del Leonberger con el Dogo del Tibet y con posteriores aportaciones del
Terranova y del San Bernardo.
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